La ciencia de entrenar el pensamiento creativo como motor de invención
- Daniel A. Acosta

- 21 abr 2025
- 5 Min. de lectura
Actualizado: 9 ene

Seguramente más de una vez escuchaste —o quizás dijiste— que "con la creatividad se nace". Es una frase tentadora porque simplifica todo: te ubica del lado de los “elegidos” o de los “condenados”. Pero la realidad es más interesante, y más útil: la creatividad no es un interruptor genético. Es un sistema. Y, como todo sistema, se puede estimular, entrenar y fortalecer.
En mi experiencia, hay tres factores que participan de ese motor: (1) predisposición, (2) crianza y (3) modelos mentales. No para encasillarte, sino para darte un mapa y entender qué te tracciona, qué te frena y qué podés intervenir con intención.
1. Predisposición: el mito de "ser de hemisferio derecho"
Durante años se popularizó la idea de que «el hemisferio derecho es creativo y el izquierdo es lógico». Suena prolijo, casi poético, pero no describe bien cómo funciona el cerebro. Investigaciones en conectividad cerebral [1] no respaldan la fantasía de que haya personas "dominadas" por un hemisferio más que por el otro, determinando si su personalidad es más creativa o más racional.
Esto no significa que no exista especialización hemisférica, la hay. Pero la creatividad no vive en un barrio único del cerebro. Es más parecido a una orquesta: redes que se combinan, compiten, se alternan y se coordinan según la tarea. Y cuando lo entendés así, cambia el juego: dejás de preguntarte "¿Nací creativo?" y empezás a preguntarte "¿Qué condiciones hacen que mi creatividad aparezca?".
2. Crianza: el permiso para explorar o el entrenamiento para reprimirse
El segundo factor es el entorno: la crianza y el marco de desarrollo durante la niñez. Cuando un chico tiene espacio para experimentar, equivocarse, jugar y asociar ideas sin miedo a quedar "mal", es más probable que crezca con una relación natural con la imaginación: la usa, la prueba, la ejercita.

Y al revés, cuando todo es corrección, rigidez, castigo o vergüenza, la mente aprende a sobrevivir, no a explorar. No se vuelve ineficiente… pero sí tímida. La creatividad, en ese contexto, no muere: se esconde. Después aparece de grande, pero hay que invitarla a salir con paciencia.
3. Modelos mentales: la trampa de resolver "como siempre"
El tercer factor es el más peligroso porque es silencioso: los modelos mentales. Dicho simple: son atajos que tu cerebro adopta por repetición. Resolver de la misma manera una y otra vez te vuelve rápido… hasta que te vuelve rígido e incapaz de cuestionar la validez de los métodos.
En psicología cognitiva esto se estudia como Mental Set o Einstellung Effect [2], la tendencia a insistir con soluciones familiares incluso cuando ya no son las mejores. Y esa rigidez no es un defecto moral, es un mecanismo natural de eficiencia. El problema aparece cuando tu vida o tu trabajo te exige inventar, no repetir.
Por eso, si querés entrenar la creatividad, hay una consigna central: romper automatismos sin romperte a vos. Si esto es cierto, entonces el entrenamiento creativo no es inspiración, es método. No se trata de esperar "el día bueno", sino de construir condiciones para que el cerebro salga del modo automático y entre en modo invención. Y para eso, te dejo siete recetas prácticas, simples, aplicables y —si las repetís— sorprendentemente efectivas.
7 Recetas prácticas
Cómo estimular tu creatividad

1. Escuchá música: La filósofa Ruth Leyen sugiere que escuchar música estimula la creatividad y la mente de maneras insospechadas. El ritmo, la melodía —y la lírica que evoca en las personas— ayudan a que el pensamiento se fortalezca e influyan en las capacidades mnésicas de gran manera. La capacidad mnésica es esa chispa que se activa por medio de los sentidos y que nos hace recordar de manera inmediata algo del pasado. Hay evidencia de que ciertas canciones funcionan como disparadores potentes de memoria autobiográfica, y eso —bien usado— es combustible para ideas, relatos y analogías.
2. Compartí tiempo con niños: La mayoría de la gente creativa sigue siendo niños. Sus imaginaciones no están limitadas y "unir tu mente" con la de ellos puede recordarte lo que significa pensar más allá de los esquemas racionales que te limitan ahora como adulto.

3. Poné tu mente en blanco: De acuerdo con Estanislao Bachrach, doctor en biología molecular, la claridad mental es el marco para que surjan ideas, por lo que si te gusta meditar y llegar a estados de meditación profunda, conseguirás una gran actividad cerebral en el área que regula la creatividad. Estudios [3] realizados en el Centro Nacional de Información Biotecnológica de Estados Unidos, demostraron que la meditación ejerce un efecto específico sobre la creatividad. Induce un estado de control que promueve el pensamiento divergente, un estilo de pensamiento que permite la generación de muchas ideas nuevas.
4. Usá herramientas para pensar distinto: La creatividad es una habilidad que puede desarrollarse según Lucila Balduzzi, psicóloga especializada en neuropsicología. La clave es incentivar al cerebro con nuevos estímulos, desafíos y la posibilidad de pensar distinto. Hay cuatro técnicas que recomienda: diseñá mapas mentales, invertí el orden de tus ideas, usá analogías para expresarte con ejemplos o aplicá sustitución de perspectivas con otros profesionales.

5. Salite del modelo: El escritor, médico, psicólogo, filósofo y profesor universitario, Edward de Bono, sugiere romper con los modelos mentales. Recomienda algunos ejercicios como, ante un problema: buscar una palabra al azar en el diccionario o aplicar una relación al problema a través de analogías. De esta manera lo habrás resuelto de una forma creativa que jamás se te hubiera ocurrido. El consultor especializado en creatividad e innovación, Guillermo Muzio, coincide también en alejarse definitivamente del modelo mental al cual nos hemos venido acostumbrando para resolver problemas o situaciones dadas. Recomienda intentar diferentes formas de hacer lo mismo para generar nuevas conexiones neuronales.
6. Exponete a nuevos estímulos: Leer un libro raro, ver un documental inesperado o tener conversaciones con gente fuera de tu rubro son hábitos que pueden estimularte. La creatividad nace de conexiones entre mundos que no se hablaban. Sin materia prima, no hay chispa.

7. Alimentate estratégicamente: De acuerdo con la doctora Zinahyd Acosta, especialista en obesología y medicina laboral, comer pescados azules como la sardina, salmón o atún. Vegetales como la palta, espinaca o acelga. Semillas como la chía o ajonjolí. Cereales como la avena. Y postres como chocolate negro o la gelatina, fomentan las condiciones para una función cognitiva creativa. Esta selección de alimentos comparte algo en común: son los arquitectos esenciales [4] para agilizar el flujo de información cerebral, estimulando de forma significativa tu creatividad y proporcionándote respuestas hábiles e ingeniosas ante situaciones o problemas determinados.
La creatividad te lleva a conseguir mejores resultados, y más cuando necesitás constantemente evolucionar y reinventarte para seguir siendo competitivo en el mercado.
La libertad de pensar sin límites
Pensar libre es recuperar el derecho a probar, a equivocarte, a jugar con ideas sin pedir permiso. Cuando lográs esto, algo se destraba: dejás de ser una persona que "a veces tiene ideas" y pasás a ser una persona que sabe fabricarlas.
La creatividad es la imaginación divirtiéndose. — Albert Einstein.

Fuentes y lecturas:
J. Nielsen, B. Zielinski, M. Ferguson, J. Lainhart y J. Anderson. An evaluation of the left-brain vs. right-brain hypothesis. 2013.
M. Bilalić, P. McLeod, F. Gobet. Mechanisms of the Einstellung (set) effect: A pervasive source of cognitive bias. 2010.
L. Colzato, A. Ozturk, B. Hommel. The impact of focused-attention and open-monitoring training on convergent and divergent thinking. 2012.
Z. Acosta. Secretos de la neuroalimentación para acelerar tu creatividad. 2025.









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