12 Errores fatales que opacan tu marca personal en la industria creativa
- Daniel A. Acosta

- 19 mar 2025
- 5 Min. de lectura
Actualizado: 9 ene

En el vasto mundo de los negocios, solemos creer que el branding es un término exclusivo de las marcas comerciales. Nada más alejado de la realidad, porque tu nombre no es solo un apelativo; es una marca en sí misma. El branding personal es, en esencia, la respuesta que tu entorno ofrece cuando se le pregunta cualquier tipo de referencia sobre vos. Esa percepción —la huella que dejás en cada contacto directo o indirecto— es tu capital más valioso.
Una mirada más profunda
Mientras que una marca comercial despliega un arsenal de canales de interacción (tiendas, publicidad, eventos, sitio web, redes sociales, etc.), el profesional que busca integrarse en una estructura corporativa cuenta con canales más sutiles pero determinantes: su currículum, la coherencia de su discurso en una entrevista, la pulcritud y singularidad de su trabajo una vez que entra, su presencia, sus valores y su capacidad para comunicarse en los distintos niveles jerárquicos, entre otros.
Como suelo decirle a mis clientes, el éxito de una marca es una reacción en cadena, producto de una buena gestión de branding: Integridad > Congruencia > Confianza > Lealtad. Pero muchos subestiman el significado real de la palabra «branding», algunos creen que este se limita al diseño del logotipo, elección de la paleta cromática y la definición tipográfica. Otros creen que es una cuestión de combinación o construir el manual de marca. Lo cierto es que el branding no es solo diseñar, es manejar con integridad y congruencia todo lo que se diseña. La congruencia genera confianza, la confianza genera lealtad y la lealtad genera rédito financiero a tu activo más valioso: tu marca.
Branding personal: cómo manejarlo
En el branding personal, aclaremos primero algo antes de continuar, porque acá se derivan dos ramas. Por un lado está el profesional que hace de su nombre una marca comercial, como Carolina Herrera o Walt Disney. Y por otro, está el profesional que —sin contar con una marca comercial— cuida e invierte en la imagen que tienen de su nombre, como Anna Wintour, Jefa de Redacción de Vogue. Este último es el que desarrollaremos.
Para poder gestionar tu branding personal con éxito, hay ciertos comportamientos esenciales propios de la integridad que podés cuidar o implementar, y estos son:
— Cortesía: Tratá con el mismo respeto al personal de limpieza que al personal de la junta directiva.
— Comunicación: Lográ que tu identidad verbal se reconozca sin importar el canal empleado.
— Entereza: Procurá que tus principios o escala de valores no cambien según las circunstancias.
— Naturalidad: Mantené tu misma personalidad sin importar a quien tengas al lado.
— Distinción: Adecuá tu trabajo a tu marca personal para que cualquiera pueda identificar tu autoría.
— Humildad: Planificá con estrategia que el resultado de tu trabajo sea tu mejor marketing.
— Lealtad: Asegurá tu camino al éxito sin perjudicar o comprometer el camino del otro.
— Fidelidad: Sé congruente entre lo que decís y lo que hacés y, entre lo que prometés y lo que cumplís.
Cuando estos valores son sinérgicos y constantes, la confianza florece y el éxito se vuelve una consecuencia. Si ya estás trabajando en una empresa, puede que estos recursos previos te ayuden a recalibrar tu gestión en aras de desarrollar o fortalecer tu imagen de marca. Pero si estás buscando empleo, el primer paso —para ir cultivando una imagen de marca— es empezar con una postulación impecable.
El éxito sin integridad no significa nada. — Hugo Boss.
El primer paso
El rigor de la postulación
Para ser un profesional "brandioso", debés custodiar tu imagen desde el primer contacto. Tras analizar más de 300 postulaciones recibidas en Bubo Branding a lo largo de los últimos años, hemos detectado patrones alarmantes. Para quien aspira a entrar en la industria creativa, estos son los errores que más opacan tu marca personal:
Plagiar: Copiar diseños de plataformas masivas es una confesión de sequía creativa. Si aspirás entrar en una agencia, la primera muestra de ingenio debe ser tu propia presentación.
Dramatizar: Una postulación es un intercambio de valor profesional, no una solicitud de caridad. Los problemas personales son universales. La desesperación no es un argumento de venta; la inteligencia sí.
Desestructurar: Respetar los márgenes, la tipografía y el equilibrio visual no es un capricho estético; es una prueba de razonamiento espacial, capacidad y orden mental.
Reenviar: Reenviar un currículo en una cadena de correos con un asunto vago como «Fwd:» es una falta de cortesía elemental. La marca personal se construye con mensajes personalizados y directos.
Incumplir: Si una oferta pide un formato, un plazo o un canal específico y decidís ignorarlo, el mensaje que enviás es claro: no sabés seguir instrucciones ni respetar procesos.
Exagerar: El uso excesivo de efectos de Photoshop para "demostrar" tus habilidades suele tener el efecto contrario. La verdadera maestría se demuestra en el equilibrio y la pasión por el arte, no en el artificio.
Mezclar: El currículo y el portafolio son piezas distintas con funciones diferentes. Forzar un híbrido de veinte páginas es ignorar el tiempo del reclutador. En el branding estratégico, menos es siempre más.
Divagar: La economía lingüística es una virtud del pensamiento claro. Si podés decir algo en pocas palabras, demostrás capacidad de síntesis y respeto por el tiempo ajeno.
Irrespetar: Los buenos modales son el envoltorio de la integridad. Un saludo cordial, una introducción breve y una despedida profesional valen más que cualquier despliegue histriónico con exigencias de respuesta.
Sobrecargar: No intentés contarlo todo. Un currículo debe dejar espacio para la curiosidad de la entrevista. Evitá fondos disruptivos o diseños que dificulten la lectura; una o dos páginas suelen ser suficientes.
Asustar: En la industria de la comunicación, descuidar la redacción, la ortografía, la gramática, la morfología y la sintaxis es un error letal. Son los cinco pilares que sostienen tu credibilidad como profesional.
Mentir: En una agencia donde el ADN es la investigación, toda afirmación falsa será descubierta. La mentira es la antítesis de la integridad y el fin prematuro de cualquier marca personal.

Este análisis no es solo una observación personal; es el fruto de la colaboración con María Gabriela Rodríguez, nuestra responsable de Gestión del Cambio, cuya experiencia de más de 15 años en reclutamiento para multinacionales de primer nivel ha sido la brújula para depurar estos criterios que hoy compartimos con vos.
Tu nombre como activo absoluto
Entrar en la industria creativa no es simplemente ocupar una silla; es reclamar un territorio intelectual donde tu nombre sea respetado en cada gerencia, piso, agencia o mercado en el que estés a lo largo de tu carrera. Tratá tu postulación no como un trámite administrativo, sino como el primer «entregable» de tu carrera: si no sos capaz de gestionar con excelencia la identidad de tu propia marca personal, difícilmente el mercado te confiará la responsabilidad de gestionar la de los demás.
Hagas las cosas bien hoy o decidas corregirlas mañana, recordá que el prestigio no se hereda; se construye en los detalles que nadie más se atreve a cuidar. Tu primer paso firme no es conseguir el empleo, sino lograr que, incluso si no sos el elegido en esta ocasión, tu nombre quede resonando en la mente de quien te leyó como un sinónimo de integridad y rigor. Esa es la única forma de caminar por esta industria con autoridad: dejando una huella tan nítida que el mundo no tenga más remedio que seguirte el rastro. Esta última frase es una adaptación de las palabras de la escritora y metafísica venezolana Conny Méndez, quien dijo, —y cito—:
El hombre está situado en un universo obediente que no tiene otra alternativa que llevar a efecto los decretos de su suprema autoridad.










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