7 Cosas que nadie te cuenta antes de salir con un CEO emergente
- Daniel A. Acosta

- 14 feb 2025
- 4 Min. de lectura
Actualizado: hace 5 días

En el complejo tablero de las relaciones, cada prospecto de pareja trae consigo sus propios códigos, hábitos y manías. Sin embargo, si nos detuviéramos a clasificarlos por su estructura profesional —Ejecutivos Corporativos, Empresarios Consolidados y CEOs Emergentes—, descubriríamos rápidamente que quien promete darte dolores de cabeza es, sin duda, este último.
Entremos en contexto
Hablemos de ellos. Un Ejecutivo Corporativo habita un mundo de horarios delimitados y funciones claras; posee esa estabilidad previsible que le permite tener una agenda maleable para poder incorporarte a sus planes. En el otro extremo tenemos al Empresario Consolidado, alguien que, aunque carga con responsabilidades mucho más grandes, cuenta con el flujo de caja necesario para delegar y liberar su tiempo, ofreciéndote atenciones al más puro estilo de Christian Grey.
Pero luego está el CEO Emergente. Su camino no es corto, no es fácil y, definitivamente, no viene con un manual de instrucciones. Él es quien está construyendo su imperio desde los cimientos, y si has puesto tus ojos en uno de estos especímenes, estas son las siete reglas de oro que debés conocer antes de lanzarte a la aventura.
Protocolo de acercamiento
Manual para una conquista exitosa
Elegir a un visionario es aceptar que su silencio no es ausencia, sino el taller sagrado donde se está forjando el futuro que él habitará y, posiblemente vos. No se trata de acompañar un camino o sacrificar el tuyo propio, sino de sincronizar dos visiones en medio de la tormenta perfecta. Comencemos:
1. El tiempo: El mito de la agenda libre
Entendé sus tiempos. Un CEO emergente no es una sola persona; es —en su mayoría— una orquesta completa. En un mismo día debe alternar entre ser vendedor, soporte técnico, publicista, diseñador y administrador. Pero, por sobre todas las cosas, debe ser un estratega. Esa es la característica fundamental que lo mantiene a flote. Si no responde un mensaje de inmediato, no es falta de interés; es que está ajustando las velas de su propio barco en plena tormenta.
2. El dinero: La apuesta por la autonomía
Tené comprensión. Los ingresos en esta fase son una variable indomable. Aquí no existe el "sueldo de consuelo" ni una cartera de clientes asignada por herencia. Todo lo que posee es fruto de su eficiencia. Para él, cuidar a un cliente es cuidar su libertad futura; cada centavo es una inversión hacia esa independencia que ya disfruta el empresario consolidado.
3. El honor: El valor de una cita
Valorá su compañía. Para un CEO emergente, el tiempo es un recurso más caro que el oro. Independientemente de quién haya propiciado el encuentro, si decide salir con vos, sentite honrado u honrada. Para él, cada hora fuera de su proyecto es una hora menos de estudio, de mejora comercial o de descanso necesario. Si ha decidido verte, es porque realmente quiere estar allí, con vos. Disfrutalo, porque te está entregando su activo más preciado.
4. El saber: La enciclopedia con pies
Preparate para aprender. Un CEO emergente es una biblioteca viviente. Al tener que enfrentarse a la resiliencia diaria, suelen convertirse en expertos accidentales en filosofía, crecimiento personal y hasta medicina tradicional para resguardar su inteligencia emocional. Son maestros entusiastas, autodidactas y pragmáticos por necesidad.
5. El interruptor On/Off: La mirada analítica
Ve con cuidado. Al CEO emergente le suele costar horrores "apagarse" ya que ve el mundo y todo lo que lo rodea de otra manera. Mientras que otros ven un producto y solo preguntan el "qué" o el "cuánto", él disecciona la realidad: ¿Cómo se hizo? ¿Por qué este precio? ¿Cuál es la estrategia detrás? Esta cualidad los convierte en detectores de mentiras naturales. Son difíciles de engañar porque su mente está entrenada para ver los hilos detrás de la cortina. Manejate con precaución; la honestidad es tu única moneda segura con ellos.
6. Las emociones: El "bebé" de cristal
Sé su apoyo. Consolidar una empresa es como criar a un hijo. Al nacer, demanda atención absoluta. El propósito de este líder será cuidar su negocio y verlo crecer hasta que este consiga su propia independencia. Sus emociones están íntimamente ligadas a la salud de su proyecto. Si querés ser parte de su vida, deberás ser su red de contención: alentarlo en las caídas, calibrar su equilibrio lógico-emocional y ser ese oasis de distracción necesario cuando el mundo parece colapsar.
7. Vos: La pieza clave del rompecabezas
Confiá en su sueño. Seamos honestos, no cualquiera tiene la entereza para salir con un CEO emergente. Por eso, si decidís quedarte, tu amor y dedicación tendrán un valor incalculable. Preparate para una montaña rusa, quizás la historia comience durmiendo en un lugar improvisado como el personaje de Chris Gardner en "En búsqueda de la felicidad", pero si el plan funciona y el apoyo es mutuo, es muy probable que terminés sobrevolando la ciudad en el helicóptero a su lado.

Epílogo: El contrato invisible
Elegir a un CEO emergente, a un emprendedor o a quien sea que esté persiguiendo un sueño no es solo elegir a una pareja; es elegir unirse a una misión. No esperés una vida de calma monótona. Al lado de un líder visionario, el mundo se vuelve más ancho, más complejo y, definitivamente, más vibrante. Si te atrevés a ser el ancla en sus tormentas y el viento en sus días de calma, descubrirás que el éxito sabe mucho mejor cuando se construye de a dos.
Al final del día, la verdadera visión no es solo ver el negocio del futuro, sino saber identificar a la persona que merece estar allí cuando ese futuro finalmente se materialice.
El espejo de la épica: Antonela y la visión
Si buscamos un reflejo de esta arquitectura emocional en el mundo real, basta con observar la historia de Antonela Roccuzzo. Mucho antes de los focos y la gloria mundial, ella supo descifrar los hilos invisibles de un sueño que apenas comenzaba a latir en Lionel Messi. Antonela no eligió el brillo del trofeo; eligió ser el sostén y el silencio necesario cuando el camino era solo una promesa cargada de desafíos e incertidumbre. Ella comprendió desde muy joven, quizás por instinto, por pura lealtad, por amor o por todo junto, que acompañar a un visionario emergente exigía una paciencia que el resto del mundo no posee. El tiempo, ese juez implacable que siempre premia la perseverancia compartida, terminó dándoles la razón. El resto, como bien sabemos, ya no es solo historia; es leyenda.










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